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En Son Bernadinet la casa siempre está abierta y, al entrar, todo resulta familiar,
el olor de recuerdos lejanos,
el sonido de voces conocidas y de ruidos cotidianos,
el silencio.
En el interior, espacios abiertos con rincones donde es fácil encontrar la paz con uno mismo,
En el exterior, campos cerrados casi sin límites,
donde la tierra cada día cambia de color,
donde el cielo no se puede evitar, porque lo cubre todo,
donde florece el limonero.
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En Son Bernadinet el tiempo se detiene, pero se disfruta la vida. |
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